He empezado a escribir este post después de tener una conversación con una amiga que me hablaba de la mala suerte que tenía su marido con su negocio.

Este es un claro ejemplo de una persona que se considera efecto y no causa en su vida. Todos somos causa y responsables de lo que tenemos o de lo que no tenemos, de lo que nos pasa o no nos pasa, de nuestros resultados, de como nos sentimos. Cada uno de nosotros creamos y cocreamos nuestra realidad según la percepción que tenemos de nosotros mismos y del mundo.

La mala suerte no existe, existen las malas decisiones y ni siquiera eso, yo pienso que existen resultados diferentes a los que esperábamos, si siembras manzanas ¿ como se te ocurre que vas a cosechar peras ?

Lo que sembramos  es lo que recogemos.

El primer principio de éxito en un negocio es empezar con el fin en mente, y esto se puede aplicar a cualquier cosa que empieces en tu vida.

¿ Que quiero ?¿ Porqué y para qué quiero esto ? ¿ Que me va a dar o aportar a mi vida a nivel emocional, y a nivel material ? ¿ como me afecta esto a mi, a mi familia, a mi entorno ? Hacerte preguntas inteligentes te lleva a resultados empoderantes. Es importante tomar decisiones ecológicas.

¿ Es una meta realista ?

¿ Que opciones tengo para llegar allí ?

Ahora toca hacer una lluvia de ideas.

Una vez tengas las respuestas decides libremente si es eso lo que quieres y si decides que realmente que lo quieres tener, el siguiente paso es preguntarte ¿ quien necesito ser y que necesito hacer para tenerlo ?

El como va apareciendo a medida que recorres el camino, solo tienes que dejarte llevar y actuar desde la acción inspirada. Recuerda una hora de planeación puede evitar 10 horas de acción.

La acción inspirada es actuar desde el ser, notas que es así porque no te cuesta ningún esfuerzo hacer lo que toca hacer en ese momento.

Es verdad que hay una parte dentro de nuestro círculo de influencia y es donde podemos intervenir, el resto depende de la vida, el universo, Dios ….. según las creencias de cada uno. Y eso lo dejamos en sus manos.

Tenemos fe y confianza en que la vida conspira para darnos lo que realmente queremos y nos ayuda a llegar a nuestro destino y de la manera mas rápida posible.

Somos nosotros los que frenamos, retrasamos el proceso con nuestras dudas, creencias limitantes , miedos …

Esto forma parte del camino, si no sería muy fácil y no nos motivaría la meta ya que no sería retante. Cuando una meta es demasiado pequeña no nos motiva y cuando es demasiado grande nos podemos ver abrumados y desistir. Por eso las metas deben ser específicas, medibles y crear el motor que necesitamos para llegar disfrutando del camino. Y este motor lo creamos y lo mantenemos con el PORQUÉ.
Marcar los tiempos es fundamental.

Cuando una meta es muy grande debemos partirla en trozos, ir consiguiendo objetivos y chequear si nos van acercando al objetivo o por el contrario nos estamos alejando de este.

Para eso usamos el feedback o retroalimentación. Corregimos y seguimos hacia adelante.

Tambien es importante la celebración cuando vayamos consiguiendo objetivos, la celebración va en consonancia con el logro. Normalmente celebramos antes que se haya materializado el objetivo, hay un momento que sabes que ya lo tienes, es tuyo y ahí se produce ese momento mágico donde nos sentimos conectados, plenos. Una vez se materializa el asunto en cuestión lo vemos normal porque ya lo habiamos visto y disfrutado antes.

Y seguimos avanzando hacía el objetivo.

Otro principio de éxito es preguntarte:

¿ En que estoy invirtiendo mi tiempo ? ¿ en que estoy invirtiendo mi energía ? ¿ en que estoy invirtiendo mi dinero ? ¿ de que personas me rodeo ?

Recuerda la definición de locura: hacer lo mismo y esperar resultados diferentes.

Rocio Pérez Noguera
Coach de negocios